Sólo un cartel colgado en una nave roja te avisa de que estás en una cárcel. Los guardas no van armados y de noche normalmente no son más de cinco. En la prisión sólo se utilizan abonos ecológicos y cuentan con placas solares.

El primer centro penitenciario ecológico del mundo no tiene alambradas, muros infranqueables ni celdas. En la isla de Bastøy, los presos aprenden a vivir en armonía con los demás y con la Tierra. Es en los campos, el aserradero o pescando como se preparan para su puesta en libertad