La crisis en la que estamos inmersos, de origen financiero-especulativo y con consecuencias cada vez más económico-familiares, es evidentemente una crisis global.
Si bien sus causas son claramente identificables en los abusos y la falta de control de los sistemas financieros y especulativos de los países más desarrollados, los efectos se dejan sentir en todo el mundo. En el caso de los países en desarrollo, se está luchando para hacer frente a la recesión global en desigualdad de condiciones con los países más ricos, ya que estos efectos se ven agravados por una crisis alimentaria anterior (escasez y altos precios de los alimentos), ligado todo ello a los efectos del cambio climático con sequías e inundaciones cada vez más recurrentes.
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