Gabriel Reyes, técnico de mantenimiento, ocupó un día una fábrica, le devolvió la vida y ahora lucha para que el patrón, que quiso cerrarla cuando el corralito, no la recupere. Chiquito Reyes, argentino de 45 años y pelo aún casi rubio, es el representante de los trabajadores de Zanon, fábrica dedicada a la producción de cerámica situada en el noroeste de la Patagonia. La semana pasada visitó Pamplona para contar su lucha, la misma o una muy parecida a la que se vive en otras 165 fábricas argentinas, ocupadas y recuperadas por sus propios empleados en los años de crisis y sobre las que se abate ahora la amenaza de la propiedad privada: los dueños desean retomar lo que un día fue suyo
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