cambio social

Aquellos que como yo tuvisteis la suerte de aprender conviviendo con grupos de adolescentes, como educador, seguro que recordaréis cuando algunos padres te decían lo complicado que era manejar uno de esos seres efervescentes. Se veían apurados en demasiadas ocasiones cuando buscaban acompañar en esos años a sus hijos. Algunos optaban por el abandono en el empeño, disfrazado de otras cosas, y otros se empeñaban en ello con dificultad. Era curioso saber que esas mismas hormonas con pies tú las llevabas en grupo con una especial facilidad. Me enamoraron los años que con ellas y ellos estuve.

Cuando queremos resolver cualquier problema todos desearíamos contar con el mejor de los profesionales, más si éste es complejo. Nadie quiere para su hijo que un mediocre, de lo que sea, sea el responsable de aportar las respuestas que necesita. Es lógico y comprensible.

Los pulmones pulsan el esfuerzo. Emiliano, montaña arriba, busca a sus ocho vacas que hará un par de días cometieron un error. Cruzaron la frontera de la provincia. Ellas, nativas de Soria, atravesaron las fronteras que nunca vieron, en busca de mejores pastos donde su buen sentido les indicaba. Nadie anda lejos de comprenderlas pero no se les puede permitir. ¿Que sería de todo aquello que depende de la conservación del orden establecido si unas vacas pudieran disfrutar de los mejores pastos que fuesen capaces de buscarse?.

El mundo está lleno de Emilianos, el pastor soriano. Hace no mucho me crucé con una mujer marroquí. Resultaba difícil saber cual era su estatura pues un fardo de cien kilos de hierba la ocultaba, obligándole a andar mirando al suelo. Era alimento para sus animales.

En algún momento de todo esto me perdí. Algún cambio de valle, de camino, algo se me escapó pues no consigo entender.

Unas agencias de calificación que se erigen como custodios del bien y del mal. Ellas dictaminan lo bueno y lo malo, nos dicen dónde corremos peligro y dónde estamos seguros. Nunca nos explican por qué y lo más incomprensible es que les hacemos caso. Han fallado, fallan y fallarán pero les hacemos caso. Su gran error con la burbuja inmobiliaria, entre otros tantos casos, que recibió sus mejores calificaciones, parece no restarles la más mínima credibilidad y ahora se atreven a enjuiciar, para sus dueños, países enteros.

Hace unos meses me pidieron que escribiera un artículo sobre emprendimiento social, juventud y empleo. Siempre, por mucho que uno haya escrito o hablado sobre el tema, es un reto, siempre cuesta empezar la primera línea pero más cuesta poder expresar lo que parece debiera salir con facilidad....¿qué es un emprendedor social? Qué difícil resulta a veces poder plasmarlo en papel y más aún volcar todo lo que rodea al concepto en sí y lo que de uno mismo se encierra en él.

Y hace tan sólo unas semanas nos despertamos con una gran noticia. Bill Drayton, fundador de la red internacional de emprendedores sociales Ashoka, había sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional 2011. Un premio que celebramos y también quisimos compartir con otras muchas personas.

Son días especiales estos que estamos viviendo. Días que ocupan nuestros pensamientos y nuestros sentimientos. Son días de repensar, de observar con atención, de actuar, de despertar, de compartir y sobre todo, de servir.

Cuando las porras golpean hoy a los ciudadanos me duelen más que aquellas que los grises estampaban en nuestro cuerpo hace algunas décadas, quizá porque hoy soy más consciente, quizá porque entonces eran los coletazos de una dictadura quiénes nos golpeaban y eso, aunque injusto e intolerable, era de esperar. Hoy es una “democracia” la que golpea de muchas maneras a su gente y eso no tiene sentido.

GRACIAS A TODOS LOS QUE SOMOS 15M LOS HIJOS DE LOS POLICIAS NO TENDRÁN QUE PASAR POR ESTO

SACARON LAS ARMAS, DISPARARON Y GOLPEARON con sus porras porque necesitaban limpiar, tenían orden de limpiar. Ciertamente querían limpiar pero esa “limpieza” no la pueden hacer ni ellos ni nadie.

Tristeza, pena e incluso indignación es lo que nos da este nuestro país… dicen del primer mundo. Quizá pasado mañana lleguen los bombarderos de la OTAN para defendernos de las agresiones de unos gobiernos rancios e históricamente desubicados. Claro que aquí no tenemos petróleo y además somos parte de la trama mundial de los que esquilman.

¿Quién no ha escuchado a padres y abuelos hablar de cómo cooperaban y cómo se apoyaban unos a otros para hacer tantas y tantas cosas? La gente del barrio, la gente del sector en el que trabajas, los que te encuentras en el mundo de esa afición que tuvieron, los vecinos de los pueblos pequeños... Las personas siempre han sabido trabajar juntos, cooperar, luchar por un objetivo común. Todo esto por supuesto, con los múltiples conflictos y problemas que las personas nos provocamos.

Estas relaciones se fueron ordenando con el tiempo dando lugar a numerosos tipos de organizaciones que buscaban reducir los desencuentros e incrementar la eficacia de esas cooperaciones. Algunas de ellas incluso, acabaron ordenándose en torno a una estructura mercantil de tal forma que, aquello que compartían y se intercambiaban mediante un trueque, pasó a intercambiarse en el mercado. En algunos casos una pena, en otros una gran oportunidad.

Son muchas las necesidades que no estamos cubriendo hoy y que no podremos cubrir mientras sigamos utilizando las mismas herramientas, o utilicemos éstas de la misma manera en que nos han acompañado hasta llegar a esta situación. Necesitamos INNOVAR y especialmente necesitamos INNOVACIÓN SOCIAL.

A lo largo del tiempo hemos ido viendo e incluso comprobando en primera persona como empresas, administraciones públicas y entidades sociales han actuado independientemente unas de otras si bien sí han existido proyectos, programas que abogaban porque esas relaciones se establecieran más allá de hechos puntuales y concretos como pudieran ser programas de fomento de empleo, etc, normalmente desde el empuje de alguna subvención. Sí han existido por tanto vías y canales de comunicación y relación entre dichos agentes sociales que bien debieran aunar estrategias de trabajo e intervención y asumir las responsabilidades que les competen de cara a posibilitar verdaderos y eficaces procesos de inclusión en el mercado laboral de aquellas personas con menor cualificación profesional.

Otro modelo de trabajo debe emerger entre empresarios, administraciones públicas y entidades sociales ante los acontecimientos que estamos viviendo meses atrás. Un modelo y método de trabajo donde las partes suman y donde las personas se sitúan en primera línea, dejando de formar parte de planes y proyectos dinamizados más por lo monetario que por el valor mismo de la persona, en definitiva, dinamizados más por el valor financiero que por el valor social.

El sistema no se aguanta. Las personas lo padecemos, lo sufrimos. Aumentan los robos de alimentos, eso es hambre no codicia. Sin embargo, cualquiera diría que no hemos caído lo suficiente, que necesitamos el hedor de un pozo más profundo para reaccionar. Las injusticias suceden al sin sentido de las acciones de nuestros gobernantes, mientras cortinas de humo intentan distraer nuestra atención.

Hace ya muchos meses una persona dijo “no vamos a pasar hambre” y hace menos, escuchábamos en un corte de radio a otra persona cuyo grito nos dolía a todos. ¿A qué esperamos para reaccionar?

He conocido el egoísmo de algunas personas en todos los ámbitos, empresas, políticos, ONG's, trabajadores, sindicatos, …. y he vivido cómo además, se mantienen muchas de estas estructuras, y personas, por su oposición a otras, sin tener un sentido propio en su quehacer. Sólo son, en la medida que se enfrentan a otro.

Mucho se lleva hablando y escribiendo en torno al mundo de la exclusión social; muchas son las subvenciones, premios y reconocimientos que entidades, asociaciones y/o fundaciones reciben por su labor en pro de la inserción socio-laboral de estas personas; muchas son las titulaciones, cursos, jornadas que se llevan a cabo en torno a los técnicos especialistas que trabajan en estas organizaciones y en torno a la pobreza y la exclusión social pero... sin desemerecer en absoluto la necesidad de todo ello, cabe reconocer que poco o nada se habla, escribe o investiga en torno a otras figuras profesionales que, siendo casi unas completas desconocidas, merecen todo ese reconocimiento y más aún, al tratarse de perfiles profesionales emergentes a los que se circunscriben una gran variedad y multitud de áreas de conocimiento que les confieren un claro carácter multidisciplinar que muy pocos perfiles aglutinan en sí mismos.

Perfiles profesionales esenciales y prioritarios que hacen que el término inclusión sociolaboral adquiera su máximo significado y sentido. Perfiles que aportan un valor añadido a empresas, entidades, administraciones y como no, a las personas en proceso de inserción sociolaboral. Estamos hablando en este caso de la figura del Trabajador Acompañante o Tutor de Empleo, máximo responsable del acompañamiento en los procesos de inserción.

VALOR SOCIAL:
Es el resultado generado cuando los recursos, procesos y políticas se combinan para generar mejoras en la vida de las personas o de la sociedad en su conjunto.

En los últimos años, han surgido diversos y muy variados estudios que han intentado dar contenido al concepto de valor social y más aún dotarlo de consistencia de cara a su reconocimiento por parte de todos y cada uno de los actores sociales.

Siempre he pensado que especialización es necesaria llevarla al tercer sector. Es necesaria para dar lo mejor de cada uno de nosotros a quien de verdad lo necesita. Dentro de esa especialización nunca dejé de tener claro que siempre hará falta quien levante la voz, quien denuncie lo que no puede ser, quien diga lo que debería de ser.

La vida cae sobre nosotros desde todos los frentes, con todos sus matices y nosotros, por suerte, somos un compendio de muchos ángulos, necesidades, realidades. Tenemos, no obstante, que hacer convivir nuestra realidad compleja con esa especialización que hará que nuestros esfuerzos se centren en un espacio concreto dentro del cosmos que somos cada uno.

Un día te levantas y lees algo que conforme entra por tus ojos te duele. Ese no es mi campo, te dices. Hay otros que batirán esa realidad y entre todos la acabaremos doblando, te argumentas. No me puedo despistar, no puedo perder mi norte. Tantas y tantas cosas que uno piensa y que tienen todo el sentido, hasta que dejan de tenerlo.

La red es una realidad necesaria, deseada y compleja. Construir con valor social desde lo individual, si que es posible, no será nunca ni eficiente ni eficaz. No se puede construir realidad social sin contar con la sociedad. Encontrar planteamientos de innovación social que se construyan de espaldas a la realidad, a la sociedad, a la calle es como construir en el vacío, en algún momento caerá.

La forma elegida para vincular un proyecto con su entorno, con su realidad, compartiendo procesos es mayoritariamente la red. Las realidades de las redes, su día a día, sus éxitos deberían ser objeto de atención pues no suelen ser los esperados. Cuando se ha participado, e incluso creado alguna o algunas redes y te has empeñado en que básicamente funcionaran y fueran útiles para alcanzar el objetivo que las originó, acabas haciéndote algunas preguntas:

LOS NADIE, les dice Eduardo Galeano.

Sí, ellos son la razón del trabajo y del empeño de unos cuantos, seguramente no todos los que quisiéramos. Todos somos conscientes de la tremenda injusticia que se comete con tantas y tantas personas en este nuestro mundo pero a veces, parece que la forma de hacer frente al problema se nos dibuja un problema en sí mismo.

La sociedad reacciona ante la injusticia y lo hace a través de las actuaciones de unas personas que deciden, en un momento dado, luchar por justicia. Esta situación, que es tan potente, introducida en el sistema del primer mundo, encuentra serías dificultades de ejecución que ponen a prueba la coherencia de la acción y de las personas que la dirigen. Son tantas las trabas y problemas que hay que salvar, a la vez que se trabaja por el objetivo, que es sencillo y bastante fácil poder desorientarse. En algún momento todos nos desorientamos y podemos llegar a trabajar en un sentido sin sentido. El verdadero problema surge, cuando no se sabe o no se quiere saber cuál es la verdadera situación y el problema, cuando se llega a anteponer para justificar, argumentos que crean mayor confusión. En esos momentos, sólo la claridad del fin, de la razón última, nos puede ayudar a reorientarnos.

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