Por Alfonso Torres para El Salto

Monedas sociales de todo el país se encontrarán en Jerez a final de octubre para apostar por una economía justa y solidaria contra las monedas cuyo fin es "enriquecerse y especular a costa de los demás".

Los próximos 27, 28 y 29 de octubre, Jerez de la Frontera (Cádiz) será capital de las monedas sociales de todo el estado al ser la casa de acogida de su VI Encuentro Estatal. Marianna Zungri, una de las organizadoras del evento y miembro de Zoquito, explica que las monedas sociales “son un fenómeno que ha florecido a raíz de la crisis y de la búsqueda de un sistema económico que ponga en valor otras relaciones basadas en el apoyo mutuo, la confianza, relaciones no especulativas basadas en el dinero” por eso entiende que “era necesario que todas las personas vinculadas a estas ideas tuvieran un punto de encuentro. Para hacer red, para formarse, crecer y mejorar”.

Con una crisis larga que aún no termina, personas de toda España acudirán a Jerez para la construcción de alternativas monetarias, saliéndose de los marcos de acumulación y especulación. Un encuentro no solo para la cooperación entre monedas sociales, sino también para su divulgación. Habrá grupos de trabajo que continuarán la labor del pasado encuentro, y diversas conferencias relativas a los problemas del sistema monetario convencional, el desarrollo local derivado de monedas sociales o cómo crear estas redes de intercambio comunitarias. “Va a estar enfocado a ayudar a construir nuevas monedas y a profundizar temas prácticos que vamos observando con la experiencia, cómo relacionarnos con la administración, cómo gestionar los conflictos, cómo extender la moneda”, explica Zungri.

Pero ¿qué es una moneda social?

Genoveva López, dedicada al seguimiento y estudio de monedas sociales, explica que una moneda social es “una moneda creada por y para la comunidad que busca devolver al dinero su función como medio de intercambio”. López lamenta que los sistemas monetarios oficiales provocan que el dinero sea “acumulable y altamente especulativo” generando desigualdades. En contraposición “las monedas sociales no tiene sentido acumularlas y así se favorece que su intercambio sea mayor, de manera que genere más riqueza en la comunidad”, y no solamente en unos pocos individuos.

Genoveva detalla que las monedas sociales pueden tener distintos fines: ambientales, fomentar el comercio local o revitalizar las relaciones comunitarias. “Como depende de la comunidad, esa comunidad decide el fin de su moneda social, en función de sus necesidades. Es una moneda creada por la gente y para la gente”. En cuanto a su clasificación, existen monedas complementarias y alternativas. “Las monedas alternativas buscan crear un sistema fuera del euro, de las monedas oficiales. Es el caso de la canica, una moneda de corte libertario de Madrid”, explica. Por el contrario, las monedas complementarias, como los casos de el puma de Sevilla o el zoquito, buscan “complementar las zonas oscuras del sistema monetario, llegar a zonas empobrecidas, revitalizar zonas abandonadas o reprimidas por el gran comercio y donde el pequeño comercio ha quedado pobre”.

Coincide con el análisis Marianna, para quien las monedas sociales suponen una “apuesta ecológica, porque reutilizas cosas que tenemos muertas en casa, pero que pueden tener nueva vida en otra casa. Además fomenta las relaciones personales y de confianza en una sociedad en en la que ya ni conocemos a nuestros vecinos”. Zungri explica que las monedas sociales pueden llegar incluso a tener mucha fuerza, poniendo de ejemplo la brixton pound.

El zoquito, la anfitriona con más solera

En este VI Encuentro Estatal de monedas sociales, la “moneda anfitriona” es también la más veterana del país, el zoquito de Jerez. “Somos los más veteranos pero no hemos sido los primeros, los primeros han desaparecido. Es un mundo muy fluctuante” señala Marianna. Según explican en su web, el zoquito es “una red de moneda local que se fundó en abril de 2007 gracias a la voluntad de los miembros de asociación de consumidores de productos ecológicos "El Zoco"”.

Zungri explica que actualmente “la red la conformamos unas 100 personas. Aunque durante la crisis vivimos un boom, de hasta 200 miembros”. Para la activista el principal problema que enfrentan es el cambio de mentalidad que suponen estas redes de cooperación. “Estamos acostumbrados al aquí y ahora, necesito esta cosa y la necesito ahora. Y voy y la compro. Con el zoquito es distinto, tienes que publicarlo, esperar que alguien te conteste. Es uno de los motivos habituales cuando hacemos evaluación, la gente siempre dice que no tienen tiempo”, explica. Aunque para Marianna la idea de la falta de tiempo no se sostiene, y cualquiera con paciencia podría colaborar. “Justo ayer lo hablaba con una compañera con dos hijos. Y ella es una de las coordinadoras del encuentro, y hace muchos intercambios zoquitos. Si ella tiene tiempo, cualquiera puede tenerlo. ¿Cuántas horas perdemos en los supermercados y las grandes superficies?” cuestiona. Aunque reconoce que “también es necesario que se sumen más empresas, actualmente somos pocas”. Según la web del Zoquito, unas 17 entidades trabajan con la moneda social jerezana.

Sobre cómo se organizan relaciones comerciales entre un centenar de personas sin necesidad de moneda, Zungri explica que tienen “dos principios, puedes acumular y deber todo lo que quieras. Y el principio es que no pasa nada”. Es decir, al contrario que otras monedas sociales, el zoquito puede acumularse y deberse sin límites. “Eso nos costó. Puedes endeudarte, y sin interés. Al principio pusimos un límite, de no poder ni acumular ni deber. Pero seguíamos evaluándolo influidos por lo de fuera, por los bancos. Por ese ideal de que la gente tampoco no puede enriquecerse” explica Zugri. Sin embargo en el Zoquito, bajo esa máxima “de cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” se intenta no dejar a nadie atrás ni renunciar al entusiasmo de nadie. “La clave es que los zoquitos se muevan, y que la gente se mueva. Lo interesante es que si alguien tenía mucha necesidad de comprar por zoquito, lo ha conseguido. Y tiene una deuda social con el grupo. De igual forma, si yo hago muchos intercambios y tengo muchos zoquitos, he aportado eso a la comunidad, aunque otros tengan menos o puedan aportar menos”, resume Zungri. Una moneda que tiene una equivalencia subjetiva, un café. Aunque en las horas de trabajo, la red establece la norma general de que cada hora equivalga a ocho zoquitos.

A pesar de las dificultades por expandir esta alternativa económica, la red de personas del Zoquito no se conforma y aspira a construir una moneda social para toda la provincia, indica Zungri.