Por Daniel Sorrosal para el blog Alternativas Económicas en eldiario.es

- La economía social y solidaria es híbrida y mestiza. Si lo fuera también su financiación, sería menos dependiente y tendría aún más posibilidades

- En la banca ética solemos ofrecer crédito de diferentes tipos, pero rara vez inversión directa

- El reto es dejar de financiar y pasar a desarrollar proyectos

Las cooperativas, y por extensión las empresas de la economía social, son iniciativas híbridas, porque así han sido diseñadas y construidas en el tiempo. Han optado por un modelo de empresa participativo, solidario y colectivo, que es el modelo más sostenible que pueda haber a largo plazo. Además, no se obcecan en reducir su trabajo como empresa a maximizar el beneficio, sino que lo que realmente les importa es que la actividad económica cree empleo, contribuya al desarrollo local, genere inclusión y respete al medio ambiente. En definitiva, que mejore nuestra sociedad. 

Este carácter híbrido tenemos que reivindicarlo más; lo mestizo debería ser más nuestras señas de identidad. Al fin y al cabo, la economía social y solidaria es así. Son iniciativas que hacen labor social (que integran, educan, movilizan personas), pero que siguen siendo empresas que compiten, que innovan, que crean empleo de calidad y crecimiento económico allí donde están. Que no se conforman con lo uno o lo otro, sino que buscan los dos: crecimiento e impacto social.

En la financiación de la economía social y solidaria tenemos que hacernos también más híbridos, más mestizos. Los financiadores sociales hemos nacido muchas veces de iniciativas colectivas, ciudadanas, con gobernanzas democráticas y participativas. Trabajamos en red y tenemos relaciones estrechas y complejas con aquellos que a menudo son a la vez clientes o proveedores, socios y colaboradores nuestros.

Riesgos

Pero este mestizaje se da más en el pasivo del balance. En el activo a menudo lo que proponemos son diferentes formas de lentejas... y con las lentejas ya sabemos lo que pasa: que si no las quieres... no hay muchas alternativas. Ofrecemos a menudo crédito de diferentes tipos, más macro que micro, y garantías, pero rara vez inversión directa en el capital de nuestros clientes. En general, no nos es fácil tomar riesgos. 

Financiamos, mediante crédito, iniciativas con potencial de desarrollo que contribuyan a desarrollar la sociedad que queremos, los empleos que necesitamos y el retorno social, cultural o medioambiental, que para nosotros es tan importante como el financiero. Y pienso, honestamente, que lo hacemos razonablemente bien con los medios de que disponemos.

Sin embargo, este modelo podría mejorarse haciéndolo más híbrido, pero hacerlo requiere también cambiar el chip. Pasar de una lógica de transacciones financieras individuales a una de  partenariado que genere y apoye proyectos ambiciosos y ponga los medios de financiación a corto, medio y largo plazo.

Este cambio de chip puede ser complicado para una entidad a título individual, que funciona dentro de un marco regulatorio y legal predefinido. Nuestro desafío es pensar en sistemas que vayan más allá de lo que pueda hacer un banco, un fondo de inversión de impacto o una fundación por sí solas.

Lo interesante, más allá de coordinarse o de colaborar, sería combinar fuerzas y construir ecosistemas que aborden los problemas en su conjunto. No se trata tanto de poner en marcha un fondo de inversión nuevo que pueda invertir en cooperativas, o de lanzar un producto de crédito específico, o un programa de garantías. 

El reto, en realidad, es dejar de financiar y pasar a desarrollar proyectos. Nuestro reto es imaginar y construir la financiación 2.0 de la Economía Social y Solidaria (ESS), una financiación híbrida y flexible que se adapte a los proyectos y combine el acceso a diferentes tipos de financiación (deuda, capital, garantías, crowdfunding y subvenciones) y que asocie a la financiación, cuando sea necesario, un acompañamiento específico a cada proyecto. Una financiación que, más allá de la transacción, se proyecte de verdad hacia el futuro.

Daniel Sorrosal es asesor de la Federación Europea de Banca Ética y Alternativa (FEBEA).