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Pamplona - Iruña

Mugarik Gabe Nafarroa trabaja desde 1987 con colectivos de América Latina para lograr la equidad de género y los hábitos de vida sostenibles

Abordar la lucha internacionalista desde una perspectiva de género es una cuestión que requiere esfuerzo. Así lo cuentan Maialen Chantre, Mirian Uhalte y Marisa Ruiz, miembros de la ONG Mugarik Gabe Nafarroa, que trabaja con países de Centroamérica y América Latina desde su nacimiento en 1987.

Actualmente la componen una treintena de personas pero cuentan con el apoyo económico de más socios que posibilitan su labor. El trabajo en ONGs hace unos años era “mucho más sencillo”, comenta Uhalte: “Ahora es más técnico, se exige una formación”. Además, aseguran que las trabas burocráticas “dificultan el proceso” y el apoyo de gobiernos e instituciones “es muy importante”.

La estructura de la organización se basa en grupos y creen que todas las personas que la integran “aportan algo y dejan huella”. Para ellas, la evolución de la sociedad es positiva pero todavía quedan muchos prejuicios y estereotipos que eliminar. “Hoy en día, lo políticamente correcto abunda y mucha gente dice apoyar algo que al final se queda en meras palabras”, explica Marisa Ruiz.

Las líneas de trabajo de Mugarik Gabe Nafarroa son tres: equidad de género, trabajo con pueblos indígenas y sostenibilidad, las cuales se entrelazan y tratan de manera conjunta en los diferentes proyectos e iniciativas. Abordan cuestiones dispares como la soberanía alimentaria, la educación para el desarrollo, el empoderamiento de la mujer o el consumo responsable. En este sentido, se catalogan como “muy críticas con el sistema” aunque reconocen formar parte del mismo: “A veces es muy complicado no caer en contradicciones”, relata Maialen Chantre.

Trabajan con organizaciones de Nicaragua, México, Guatemala y El Salvador, aunque tienen contacto con brigadas de paz en Colombia. “Hemos llegado a la mayoría de grupos a través de personas de Mugarik que nos han hablado de ellos”, afirma Ruiz, que confiesa que no pueden atender a todas las personas como les gustaría: “Nos centramos en los frentes abiertos porque son procesos muy largos y no sabes muy bien hasta dónde puede llegar tu ayuda”. Su trabajo, consideran, está lleno de debates internos: “El proceso es interminable porque las necesidades son infinitas”, añade Mirian Uhalte.

En lo personal, afirman que su lucha les ha servido para aprender. “A mí me ha enseñado a canalizar esa rabia y a aplicar lo personal en lo colectivo”, detalla Ruiz, que lleva casi 20 años en la organización. Además, gracias al contacto directo obtienen información real sobre la situación de los países con los que trabajan: “Hoy en día los grandes medios de comunicación están controlados por empresas que determinan la información y este trabajo te posibilita conocer sin manipulaciones”, sentencia Uhalte.

En cuanto a la situación de las mujeres en los países centroamericanos, aclaran “que no pretenden enseñar ni cuestionar nada, solo ser mediadoras y ofrecer ayuda”. Además, tratan de fomentar la participación femenina en política para obtener mayor representación en gobiernos latinos, aunque creen que “cuantas más mujeres protagonistas hay, más las atacan”. Sin embargo, destacan la necesidad de “terminar con esa idea de que la sociedad latina es machista porque la nuestra también lo es”.

cómic feminista Difunden su actividad a través de vídeos, dossieres e imágenes informativas. Recientemente han elaborado Sembrando sueños, cosechando esperanzas, un cómic sobre la vida de Bety Cariño, una indígena feminista mexicana asesinada en 2010 por un grupo de paramilitares. La publicación “simboliza la lucha de muchas otras mujeres anónimas, que al igual que Bety, han sido asesinadas por defender los derechos humanos”, explican.