Autor/a: 
Coop57

Editorial de este número

Es el momento de plantearnos si debemos ir más allá, de caminar lejos. Puede ser interesante explorar nuevas formas para vertebrar y estructurar dinámicas que nos permitan dar un paso adelante para trabajar la transformación social desde la construcción de nuevas realidades socioeconómicas en el ámbito local. Siguiendo los principios de arraigo territorial y de trabajo de proximidad, Coop57 debería dar un paso más allá y añadir, a su actividad originaria de intermediación financiera, una apuesta para convertirse, también, en una entidad que promueva el desarrollo local trabajando un triple eje: tejido social, instrumento financiero y administraciones locales.

El tejido social como motor y protagonista del proceso ya que es desde donde nace todo, es donde radica la fuerza y la vitalidad de los nuevos proyectos, ideas y cambios de modelos de producción y consumo. Nuevas formas de trabajo colectivo y de creación de valor social, que generen empleo estable y digno, donde se vertebre el tejido productivo con fórmulas que fomenten la democracia económica, la distribución equitativa de la riqueza y de los excedentes y el fortalecimiento de los lazos comunitarios y de buena vecindad.

El papel que debería jugar Coop57 sería el que siempre ha sido: ser una herramienta al servicio de la transformación social. El instrumento financiero como engranaje en su función de canalización de recursos hacia la facilitación financiera de los proyectos. Poder apoyar la viabilidad de los proyectos con respaldo económico. Pero también ir más allá de ser simplemente acreedores y ser portadores de modelos inspiradores de desarrollo local para proyectos enmarcados dentro de la economía social y solidaria que lleven implícitos los valores de gestión democrática, equitativa, solidaria y respetuosa con las personas y el territorio.

Sin olvidarse que todo parte desde la organización de base y de la vertebración del tejido social, sería deseable que las administraciones locales se sumaran a este proceso. Debemos poder crear las condiciones para que nos acompañen. Y si lo hacen, bien, pero sino, también. Porque sabemos que el éxito de modelos de desarrollo local son las persones y su organización en proyectos colectivos. Las administraciones locales pueden favorecer este proceso como generadoras de confianza y de acompañamiento para el desarrollo socioeconómico de sus municipios. Pueden diseñar herramientas y recursos para fomentar la promoción económica de estos proyectos, poner recursos económicos y materiales a disposición de estas iniciativas, añadir cláusulas sociales en la contratación pública y facilitar soluciones a los obstáculos con los que pueden colisionar los nuevos proyectos locales.

En un mundo globalizado donde el éxito se cuenta por millones de monedas y de clientes, la lógica de la transformación social nos convence, cada vez más, que ésta es más potente y efectiva desde el mundo local y que será la metástasis benigna de estas iniciativas, arraigadas al territorio y a las personas, quienes propiciarán el cambio global.

Por lo tanto, trabajemos para la relocalización y redimensión de la economía, de los circuitos cortos, del conocimiento mutuo y la confianza, de tejer redes y de los cambios en la vida cotidiana como lo que realmente puede aumentar la calidad de vida de las personas y revertir las dinámicas destructivas que el modelo económico presente nos ofrece. Ser más soberanas y menos dependientes del dictado de las grandes fuerzas extractivas que desde arriba, en cascada, van dejando caer una lluvia ácida de dificultades hacia las condiciones de vida de la mayoría.

Juntarnos entre todas para crear nuevos paradigmas que, a la vez, vayan empequeñeciendo hasta incapacitar aquello que nos atenaza y ahoga. Se trata de girarnos, mirarnos unas a otras, encontrar y generar complicidades y construir, construir y construir. Crear nuevas maneras empoderadoras de desarrollo económico, social y humano. Dejar de ser espectadores para pasar a ser actores. Actores activos de un cambio social profundo que, poco a poco, vaya desviando el centro de gravedad de los valores presentes hasta poner las personas, la justicia social y el desarrollo sostenible en el centro.

Y saber que todo esto es posible, desde el trabajo constante y consciente. Entendiéndolo desde la perspectiva más alentadora, el optimismo es un deber y una virtud que hoy, más que nunca, nos debe acompañar en nuestro día a día.

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