Global

Un hospital de palabras, hace ya años de eso. Un hospital donde aquellas palabras que corren el peligro de convertirse en zombies ingresan en la búsqueda de su salud. Porque las palabras zombies son auténticos muertos vivientes. Son palabras que fueron útiles y tuvieron vitalidad en el pasado, pero que ahora sólo perviven en nuestras mentes, sin ningún contacto con la realidad pero absorbiendo nuestra energía.

La economía del mestizaje es seguramente la única que realmente se puede alinear a un mundo global que cada día es más pequeño. Posiciones beligerantes que buscan preservar pequeñas reservas donde cada uno tiene su espacio y es reconocido en él, donde las reglas del juego están establecidas, se intentan hacer fuertes frente al mestizaje que es el nombre de lo que será. Nada tienen que hacer, de nada les ha de servir el reglamento de su tablero de juego o la jerga que se hubieran construido, porque sus problemas son el aislamiento y que su objetivo hace ya tiempo que fue abandonado por la preservación de la herramienta, del proyecto.

A cierta altura no hay espacio para aquello que nunca tuvo que existir. Nos hemos de reunir todos allí, arriba, en otro nivel, y dejar a los miserables que acaben ocupando los sótanos de donde nunca deberían haber salido.

Las noticias del genocidio internacional bajo el nombre de los mercados, como si fueran un antifaz suficiente para esconder a los que detrás crean esas realidades, se suceden cada día.

Son largos años, quizá seis u ocho, los transcurridos desde aquel taller en Zaragoza donde presentábamos la necesidad de conocer qué es lo que aportamos a esta sociedad desde las entidades y empresas sociales. Como siempre ocurre algunos se unieron en la búsqueda y otros, pese a todos esos años, aún no han visto la necesidad.

Erase una vez una chica.

Ella vivía en un lugar tranquilo, con sus aficiones tranquilas y sus costumbres sanas.

Al parecer, esta chica ignoraba por completo la maldad como experiencia propia. Era muy poco consciente de cómo iba eso de hacer daño intencionadamente.

Un día, salió a su jardín delantero, el cuál cuidaba, y se encontró algo fuera de lo común: Alguien había escrito cosas horribles sobre las flores que cultivaba y las había estacado, a modo de carteles, en la hierba sin ningún motivo aparente.

Me hablaron de Okonomia, y me animaron a apuntarme al curso, me asomé a la web, y el temario en principio me frenó, me dije “yo de todo esto ya se”, o al menos tengo nociones para entender de que va.  Me di una segunda oportunidad,  leí con más atención,  el sistema de aprendizaje de Paulo Freire,  y adiviné que esto iba de otro rollo.

Yo  pensaba……..,  que sabía sobre el temario del curso,  me dí cuenta enseguida, de que no era así. Voy a ser muy bestia la sensación con la que me fui a casa después del primer día de clase, es muy parecida a lo que pudo sentir  Neo (Keanu Reeves) en Matrix, cuando  se toma la pastilla roja que le da Morfeo, Neo empieza a ver la realidad desde la otra parte.

Ya hace mucho tiempo, más de 30 años, que vi el sistema económico como un sistema injusto que traía sufrimiento a la gente para la satisfacción de unos pocos. Desde el principio me revelé, quise cambiarlo. Entre la juventud y la ignorancia me abalancé sobre ese gigante que nos hacia sufrir.

El mundo en un cajón. Sus paredes monocromas. Pasillos que nos quieren llevar aquí y allá siempre, a un sitio que otro decidió para nosotros. Y funciona, les funciona porque lo construyen sobre el miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a lo que harán, a salir de la rutina, a conocer,... miedo a pensar.

Cuando el miedo se instala en la sociedad se extiende como una de esas terribles manchas de petróleo que matan nuestros mares y océanos. Todo lo que toca lo destroza, lo contamina o desaparace. Así es como se construye un mundo desde la desconfianza. Con la pérdida de valores, muchas personas contaminadas aceptan el juego y lo repiten sin pensar, sin recordar quiénes son y para qué están donde están.

Son tantas las preguntas con sentido que nos podemos y debemos hacer... La crudeza de lo que vivimos nos desnuda delante de la realidad y ya no vale cualquier cosa. Bienvenidas sean las preguntas.

La duda que tiene hoy todo su espacio, encuentra en la economía a la gran cuestionada.

Y entonces ...

¿Por qué OKONOMIA?

Porque no podemos dejar de ser ni de hacer.

Porque el mayor error es no hacer nada.

Porque no nos cabe ninguna duda que el conocimiento siempre es bueno.

Porque sabemos que podemos.

Porque ya está bien de aprovecharse del desconocimiento para sembrar el miedo.

Porque las personas sufrimos cuando tenemos que inventar lo que no conocemos, más si esa realidad nos la vendieron llena de dientes y dolor.

Porque nos roban nuestra libertad y lo hacen desde la mentira.

Porque queremos saber para ser más libres.

El color ha cambiado, poco a poco y sin saber muy bien si ha sido la luz o alguien venia mientras descansaba y nos cambiaba el mundo de color. Un día de repente te das cuenta que nada es lo que es, que nos han trasladado desde nuestro espacio al de otros. Cierras los ojos para forzar el recuerdo, casi perdido, de como era todo hace unos cuantos años. Hoy mis brazos extendidos rozan las paredes donde vivo, largos pasillos en una variedad monocromática donde escasean las ventanas y todas miran a un destino. Un destino incómodo y no querido que sin embargo parece ser el que es, el único que fue y por supuesto el que será.

Incómodo gritas, ensucias las paredes que no te gustan, te vas reuniendo con más personas que, como tú, se atreven a levantar su voz, a mostrar su enfado. Reclamas día tras día algo que fue, sin embargo el proceso sigue. Las luces bajan y los pasillos se alargan y al estirarse las ventanas se hacen más estrechas y piensas “a esta marcha llegará el día en que se cerrarán”. Gritas más alto, ...nos juntamos más. La desorientación se desvanece pues parece que solo hay un camino que andamos sin querer ir, ya estamos orientados pero no hemos sido nosotros los que hemos decidido ese norte.

Te vas a dar cuenta de lo que has estado callando, de lo que has guardado como un pliegue más de tu chaqueta, de lo sofocado con violencia que no hizo brotar sangre, cuando a la luz de una calle y a vista de peatón quieras decirlo, cuando reúnas el valor y de pie te muestres, te vas a dar cuenta.

De que vigilas de soslayo las cámaras, de que late más fuerte tu corazón, la policía. De lo correcto e incorrecto que avistó tu mente. De las miradas a las que eres fiel y que también te dominan.

D'ARTE

Cuando la realidad se nos planta delante desafiando todo aquello virtual, sin sentido, estúpido y aceptado, la sonrisa atraviesa cualquier máscara y brilla. Ella es libre y lo es de verdad. Son los caminos los que la posibilitan. Caminos que no siempre encontramos pues quizá no tengamos el carboncillo con qué pintarlos, o estemos lejos de poder ver.

Brota el momento y encuentra un espacio para salir y mostrarse a un mundo incrédulo que se sorprende de que tú hayas sido capaz.

Fecha y Hora: 
Dom, 15/07/2012 - 00:00 - Dom, 29/07/2012 - 00:00
Lugar de la actividad: 
Oviedo - Asturias

NUNCA es demasiado pronto para despertar en los niños su carácter emprendedor

Cometa Verde organiza este verano en Asturias un Campus residencial para desarrollar las aptitudes y conocimientos intrínsecos al emprendimiento social.  El campus es una idea de Nacho González Calviño, joven emprendedor social experto en el trabajo con menores, que suma la experiencia de Cometa Verde y profesionales en idiomas y tiempo libre.  Un campus dirigido in-situ por profesionales en emprendimiento.

Cuando queremos resolver cualquier problema todos desearíamos contar con el mejor de los profesionales, más si éste es complejo. Nadie quiere para su hijo que un mediocre, de lo que sea, sea el responsable de aportar las respuestas que necesita. Es lógico y comprensible.

Soy un animal

No puedo explicar con más que palabras lo que quiero manifestar ahora, ni puedo hacer que me crean. Sin embargo mi pregunta es:
¿Qué nos hace superiores? ¿Qué te hace pensar que el pájaro que puedes ver ahora mismo pasar por tu ventana tiene menos derecho a la vida y, por tanto, más derecho a la muerte que tú? ¿El mero dato de que tu muerte natural llegará después de la suya? Solo esta forma de pensar ya nos coloca por detrás de esa golondrina.

Llegamos y nos creemos dioses, tomando bosques y mares, matando a nuestros acompañantes peludos, alados o escamados. Sin motivos, cogemos sus pieles y nos las colocamos pensando que nos darán más dignidad y más personalidad. No nos importa nada nuestra moral y nuestro honor animal, que para mí es sinónimo de humano. Y de nuevo tropezamos con un craso error que solo un humano (sin ser esta vez sinónimo de "animal") podría cometer, y nos colocamos detrás de ellos.

Si en algún momento podemos ver con más claridad dónde ejercemos una mayor y continua presión democrática, hoy es ese momento. Las estructuras democráticas, que nunca terminaron de serlo, se van quedando huecas por momentos. El golpe de estado financiero que se va a dar en España con el cambio constitucional, sin atender ni escuchar la voz del pueblo, es clara muestra. Las urnas se quedan pequeñas para dar espacio a las necesidades de la sociedad. El juego de los partidos, gestionado como oligopolio a la luz pública, nos lleva a ver con más claridad que nuestro mayor poder, frente a un sistema como el actual, está en el consumo.

Todos los días tomamos decisiones que tienen una afección sobre muchos terceros, son votos continuos de aprobación o reprobación a las actitudes que las empresas, y los gobiernos que lo permiten, tienen en relación a sus responsabilidades en todos los frentes: económicos, sociales y medioambientales. Nuestras decisiones como consumidores no pueden ser manipuladas una vez han sido ejercidas. El castigo del consumidor a cualquier compañía tiene repercusiones directas y claras sobre sus resultados. Nuestro poder como consumidores es grande y nuestra responsabilidad también. Es tal, que las compañías, los gobiernos, … gastan fortunas en direccionar nuestro consumo, en limitar nuestra libertad de elección, de las formas más sutiles a las más grotescas. El mayor de los engaños fue y es convencer al consumidor de que el propio hecho de consumir genera satisfacción independientemente de que exista una necesidad para ese consumo. Han situado al consumo en un paradigma de elección que sólo trabaja con el binomio cantidad/precio. Ni tan siquiera la calidad real, completa, juega un papel determinante. La idea filtrada en la sociedad de que la satisfacción y el bienestar del consumidor crece conforme crece su consumo es la base que mantiene ese binomio. De esta manera la presión del consumidor se centra en el precio y éste, adjetivado por algún rasgo de calidad muy sesgado y mediatizado por la posición de marcas, es el que nos permite tener más de lo que sea. Sin embargo, aun siendo esto completamente real y demostrado como una actuación mayoritaria, no hemos perdido nuestra capacidad de elección pero sí hemos de cambiar la manera de ejercerla.

En algún momento de todo esto me perdí. Algún cambio de valle, de camino, algo se me escapó pues no consigo entender.

Unas agencias de calificación que se erigen como custodios del bien y del mal. Ellas dictaminan lo bueno y lo malo, nos dicen dónde corremos peligro y dónde estamos seguros. Nunca nos explican por qué y lo más incomprensible es que les hacemos caso. Han fallado, fallan y fallarán pero les hacemos caso. Su gran error con la burbuja inmobiliaria, entre otros tantos casos, que recibió sus mejores calificaciones, parece no restarles la más mínima credibilidad y ahora se atreven a enjuiciar, para sus dueños, países enteros.

¿Quién no ha escuchado a padres y abuelos hablar de cómo cooperaban y cómo se apoyaban unos a otros para hacer tantas y tantas cosas? La gente del barrio, la gente del sector en el que trabajas, los que te encuentras en el mundo de esa afición que tuvieron, los vecinos de los pueblos pequeños... Las personas siempre han sabido trabajar juntos, cooperar, luchar por un objetivo común. Todo esto por supuesto, con los múltiples conflictos y problemas que las personas nos provocamos.

Estas relaciones se fueron ordenando con el tiempo dando lugar a numerosos tipos de organizaciones que buscaban reducir los desencuentros e incrementar la eficacia de esas cooperaciones. Algunas de ellas incluso, acabaron ordenándose en torno a una estructura mercantil de tal forma que, aquello que compartían y se intercambiaban mediante un trueque, pasó a intercambiarse en el mercado. En algunos casos una pena, en otros una gran oportunidad.

El sistema no se aguanta. Las personas lo padecemos, lo sufrimos. Aumentan los robos de alimentos, eso es hambre no codicia. Sin embargo, cualquiera diría que no hemos caído lo suficiente, que necesitamos el hedor de un pozo más profundo para reaccionar. Las injusticias suceden al sin sentido de las acciones de nuestros gobernantes, mientras cortinas de humo intentan distraer nuestra atención.

Hace ya muchos meses una persona dijo “no vamos a pasar hambre” y hace menos, escuchábamos en un corte de radio a otra persona cuyo grito nos dolía a todos. ¿A qué esperamos para reaccionar?

He conocido el egoísmo de algunas personas en todos los ámbitos, empresas, políticos, ONG's, trabajadores, sindicatos, …. y he vivido cómo además, se mantienen muchas de estas estructuras, y personas, por su oposición a otras, sin tener un sentido propio en su quehacer. Sólo son, en la medida que se enfrentan a otro.

VALOR SOCIAL:
Es el resultado generado cuando los recursos, procesos y políticas se combinan para generar mejoras en la vida de las personas o de la sociedad en su conjunto.

En los últimos años, han surgido diversos y muy variados estudios que han intentado dar contenido al concepto de valor social y más aún dotarlo de consistencia de cara a su reconocimiento por parte de todos y cada uno de los actores sociales.

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